Ayer tuvo lugar en Robledo de Chavela, la segunda edición del Astromad. O mejor dicho, la segunda edición del Half Astromad, ya que por falta de inscritos, no se pudo celebrar la distancia Ironman a la que estábamos inscritos.

Dieron la salida de la prueba a las 8.30, y a pesar del madrugón, y de tener que subir el día previo hasta Robledo para el Briefing y para llevar la bici a la T1, pudimos llegar bastante descansados, desayunados y dormidos.

El tramo de natación inicial cuenta con una única vuelta a una boya que está a 950 mts del embalse. Aunque el termómetro del coche marcaba 14º cuando empezó la carrera, el agua estaba sorprendentemente aceptable. Con la ayuda del neopreno, no conseguimos pasar nada de frio.

La ida, con algún que otro “puñetazo”, alguna que otra patada en la cara, pero sin mayores contratiempos. Fue a la vuelta de la boya que indicaba el ecuador de la natación, cuando conseguí coger un ritmo cómodo, ya sin “beneficiarme” del drafting, y con unas aguas ya mucho más calmadas de triatletas. Me sorprendió tardar tanto, teniendo en cuenta los entrenos que había hecho en aguas abiertas en el Pontón Alto (La Granja de San Ildefonso). El crono fue de 39:41, y salí en el puesto 54 del agua. La verdad es que tampoco me importaba mucho, 4 minutos arriba o abajo tan poco cambian nada…

A la salida, me encontré con Juanma y Chema, que estaban a punto de entrar en el agua para hacer la distancia Sprint. Chema había perdido sus gafas nuevas, a si que aprovechamos y le dejé las mías. Seguí corriendo, con mi particular “globo” cerebral hacia la zona de la transición. Me quité el neopreno sorprendentemente rápido, me puse las calzas de gemelos, zapatillas, dorsal, casco, gafas, y cogí la bici.

Noté que iba bastante rápido, al menos en comparación con el resto de triatletas, ya que empecé adelantando a unos cuantos, a si que a pesar de ir cómodo, decidí bajar un pelín el ritmo.
Llegamos casi sin darnos cuenta hasta Cebreros. La subida la recordaba más dura, pero cuando vas en carrera, al menos a mi, me pasa que se me pasa todo más rápido y se me hace más ameno.

Lo mismo me pasó con Robledo de Chavela, llegué casi sin darme cuenta. Ahí percibí los gritos de ánimo de mi hermano, de mis padres y de Mery. Me animé y empecé a pedalear con más fuerza… sí, siempre me pasa, me emociono con los ánimos, jeje. Pero cuando llegó la subida al depósito de agua en el Km 65, decidí aflojar de nuevo, ya que todavía quedaba mucho, no lo peor (o eso pensaba), pero si mucho…

No se si en Fresnedillas o en Colmenar Arroyo, nos tocó dar un rodeo por una procesión, pero la verdad es que me sentó a rayos, sobre todo porque creo que de ahí salieron algunos kilómetros más. El caso es que como casi todo era bajada en esa zona, me sentí muy cómodo, y me permití el lujo de apretar un poquito más. Lo que no sabía todavía es que rápido me iba a arrepentir, porque lo que para mi fue la peor zona de bici, estaba por llegar.

La carretera que unía Colmenar Arroyo con el tramo de enlace que hicimos al principio (la M-512), estaba fatalmente pavimentada, o lo mismo lo estuvo bien en tiempos de Franco, porque ahora parece más una pista de enduro que una carretera. Con la flaca, y con sus no se cuantos PSI más que un coche, cualquier bachecito es un suplicio, sobre todo para nuestro olvidado amigo el “culillo”. Cuando no es un bachecito, si no que es una carretera entera, y llevas ya 80 kms en tu culo, tus cervicales y tus piernas, eso destroza hasta a cualquier medio hombre de hierro. Ahí es cuando saqué la calculadora y dije… si el tramo de correr son 3,5 kms, y la bajada previa debe ser 1 km, más la subida anterior desde el desvío debe ser otro más… genial, desde el cruce hay 5,5 kms… por lo que me quedan 4,5 kms. Error. Salieron 95,5 kms (según mi Garmin). Os podéis imaginar el suplicio, sobre todo cuando te habías hecho a la idea de que eran 4,5 y no 11 kms. Quedo el 44 del parcial de Bici. En ese momento, voy el 48 de la carrera, como al 50%.

Llego a la T2. Me encuentro muy bien, a si que decido “hacerme el PRO” y quitarme las zapatillas encima de la bici, para eso de saltar descalzo y ganar 3,8 segundos. A pesar de ser la primera vez que lo hacía (fuera de coña) no me tuve que llegar a arrepentir.

Empezamos a correr, y según estoy bajando (ya que el circuito consta de 3 vueltas de 7 kms cada una, donde los 3,5 kms de la ida son casi en su totalidad de bajada y su vuelta… pues haced vosotros los cálculos), me veo cómodo, y joder mi sorpresa, estoy rodando a 4:05 min/km. Rápido se me esfumarían esas ilusiones. A la vuelta, el parcial me bajó a 4:28 min/km. En ese momento me cruzo por primera vez con José, le veo que está a punto de acabar la bici y ponerse a correr. Ya lo tiene hecho.

Mi familia, Mery, Chema y Juanma nos animan a José y a mí en cada vuelta. Nos hacen crecernos y que sigamos enteros.
Segunda vuelta, me voy cruzando con José y nos vamos dando ánimos mutuos. Me sigo viendo bien aunque la media general me ha bajado a 4:34 min/km. No pasa nada, sigue siendo un crono de la leche.

Y no es hasta la tercera, última y no por ello menos importante vuelta, cuando me llega a saludar el hombre del mazo. Me dio una caló de las que hacen historia. Ya no me bastaba con los dos avituallamientos que había en la carrera, quería por lo menos 32 más. El crono de carrera me bajó hasta los 4:47 min/km, y no conseguí bajar de las 6 horas (hice 6:10). Pero quedé el 20 de la general y el 13 de la carrera a pie, lo que tampoco estaba nada mal, ¿no?

Abrazos de familiares y amigos, unas cervecitas, y a casa a descansar.
Ahora lo único que puedo pensar, es que me quedan 3 semanas para el Challenge Barcelona Maresme… a seguir entrenando!!!!

Agradecimientos especiales a Mi Hermano Darío y a Juanma por las fotos, y estos mismos además de José, Chema, Mery y a Mis Padres por los ánimos.